Hoy escribo porque me siento mal... porque soy el último mono en esta casa.
Ya no me llaman ni para darme un capón de música.
Estoy porque tengo que estar y punto, pero nada más.
En el olvido he quedado.
¿Y yo? Ni siquiera me acerco a ellos, porque Bebé se ríe y me suelta un tortazo/pellizco/tirón de rabo, y no estoy dispuesto a admitir ningún maltrato por parte de infante alguno.
Y como yo guardo distancias, ellos también y nadie repara en mi existencia.
Para llamar la atención, he decidido mearme de vez en cuando en la cocina.
El otro día, recién llegado de la calle, ELLA tuvo que fregar mis orines debajo de la pata de la mesa.
Pero eso no fue todo...
¿Soy una víctima o no?






